viernes, 19 de enero de 2018

Un chasco


Algunas casas tiene la pretensión de los aretes. Uno camina quitado de la pena y de repente una casa enseñan sus orejas colmadas de filigrana. Deja la sensación de que es habitada por alguna princesa del oriente que como la de Darío: “…persigue por el cielo de oriente, la libélula vaga de una vaga ilusión”. 
La sentencia que dice: vemos lo que queremos ver, nunca ha sido tan cierta.

Fotografía: alguna casa por la Rua Brito Capelo, Matosinhos, Porto, Portugal.

jueves, 18 de enero de 2018

Inversión


¿Quién gritará su nombre?
Hoy es domingo y a Isolda le preocupa que su cuerpo no hace más noche. Mira la televisión como si estuviera en una celda. Después llora y se construye una vida entre los comerciales. Nunca se sabe si de repente ella se reconoce. Del aburrimiento al fastidio, con un poco de suerte encuentra cómo aprender a estar con ella. Dice que sí, pero también un no y un luego, luego. Se interroga su infancia y se da por vencida en su propia geografía. Llega a un lugar equivocado porque entre palabra y palabra se pierde, sus recuerdos migraron por la inclinación a divagar. El miedo al vacío, encerrada en sus porcelanas, la hace buscar una linterna. Isolda espera a decir lo que no sabe, lo que prefiere cuando dice no saber. Dentro de ella, la orfandad, ignora lo que supo, pero su imagen crece y está pronta a encontrar lo que ignora que quiere. Así, nerviosa, atenta a lo que se mueve dentro de ella, canta una tonada fresca. Si alguien gritara su nombre, tal vez, ella, pudiere invertir sus dudas y apagar la televisión.

miércoles, 17 de enero de 2018

Picor en pico


- ¿Que cantos mi pichón?
- Nada de importancia.
- ¿Ya no vaticinas?
- Nadie quiere saber.
- Dices cosas contrarias. Dales por su lado.
- No puedo. Estoy perdido. 
- Oye los tambores de las estaciones.
- La tierra crepita y ya no me gusta comer insectos.
- Eres un pichón. Tienes el pico lleno de polen.
- Antes de que te disperse el duelo, canta conmigo: Pica pica picor picante ahora quiero repicar con el pico cerrado.
- Eso es un disparate.
- Pero funciona. De un pico a otro te digo, que picotear cantando es mejor  que llenarse el buche de desencantado. Aprende del ruiseñor, el vuela en la muralla, sobre la piedra levanta el vuelo.
- Yo soy gallo.
- ¿Y no cantas?
- Todo el tiempo.
- ¿Entonces?
- Del otro lado ya no hay nadie. 
- En esta ciudad puedes encontrar algún fragmento de espejo roto. Vamos, canta conmigo: Pica pica picor picante que no hay como estar en la ciudad con el pico completamente cerrado.
- Pica pica…
- Pégale al ritmo.
- Pica pica picor picante que no hay como estar en la ciudad con el pico completamente cerrado.

lunes, 15 de enero de 2018

Tupé


Todo buen copete, deja la sensación de altura disfrazando la solidez de su cuerpo.
El cielo raso ayuda para estos fines. ¡Claro! la ocasión la pintan calva.

Fotografía: Centro Português de Fotografia, Edificio de la antigua Cárcel y Tribunal de Apelación“Cadeia da Relação”,  Largo Amor de Perdição s/n

domingo, 14 de enero de 2018

Unas lineas


Su virtud consiste en expresar sus límites. Comedido, no hay encrucijadas ni en su memoria ni en su acción. Su lengua es frágil, aveces inaudible. Espacio y tiempo en él tienen un rigor de plaza antigua. Jadea poco  y mastica una ramita de albahaca para el desconsuelo. Como un nervio enroscado detrás de la puerta tiene la consciencia de la finitud. Elástico como el silencio, su juventud fue un viaje dirigido por el dominio de sí mismo y se hizo amenaza de los que tienen abotagado el rostro. Se construyó como el aceite de oliva, oleaginoso y fino como los poetas populares. Como el hilo, cose, une, remienda, esos fatales domingos del hastío. En su elegante estampa hay comedia en su parlamento, ironías sencillas y acidez, como la del tamarindo hecho pulpa. Si alguna vez hubo paraíso debió de ser como él, nada de hueso, sólo fragancia y fineza. Hoy quiero celebrar, reunir en este acto simple, el recuerdo de Ramiro, llamado el “Fino”, que como pájaro breve, como ráfaga, paso por este mundo. 

sábado, 13 de enero de 2018

Cartografía de gris intenso


Ocurre que el gris se come los colores para que el contraste y los volúmenes tengan el sabor del café. Esto es: sólo sobrevive la intensidad corpórea de su aroma. La arquitectura en la ciudad gris tiene el mismo efecto escenográfico. 

viernes, 12 de enero de 2018

Fin de curso


El tamaño de esta historia es grande, por eso sólo apunto el día que las encontré en al esquina de Álvarez de Pineda y Ortega Martins. Olía a sardina asada, porque desde principios del siglo XIX las personas se concentraban en la periferia a comer sardinas que metían en un pan y bebían cerveza con abundancia. Ellas, sin malgastar tiempo comenzaron a danzar y a quitarse la ropa, yo las vi desde el principio, se veía a las claras que eran estudiantes de teatro. Congregaron, en pocos minutos, a un centenar de ávidos ojos. No era un gasto inútil de memoria relacionarlas con tres ninfas gozosas de mostrarse. La sorpresa duró muy poco y empezaron los insultos. Hombres de rostros inflamados por la ira y la cebada veía a las jóvenes bailarinas como si fueran sus hijas en desobediencia. Las pocas señoras asistentes,  un sentimiento maternal les creció y comenzaron a protegerlas tapándolas con sus ropas. 
Ellas, las bailarinas, en altiva indiferencia, buscaban entre la multitud, a sus compañeros teatrales que con cámaras de video tomaban registro del espectáculo.  
Cuando llegó la policía, expertas en la huida, se refugiaron en una tienda de ropa. Pasaron junto a mí. Reconocí los rostros de Carmen y Natalia, a la otra no la conocía.
Con la promesa de no denunciarlas, ahora bailan para mi. Me deshice del sofá y de la mesa. Un grato escenario está dispuesto para que desenvuelvan esos movimientos suaves y gráciles que tanto me gustan. Ellas lo han tomado con sabiduría y lo hacen con gusto y como si fuera un laboratorio donde ensayan nuevas coreografía y como no hay vestuario, el gasto es mínimo.
Algo, sin embargo, me preocupa: el año escolar está por terminar. Creo que me convertiré en empresario urbano.

jueves, 11 de enero de 2018

miércoles, 10 de enero de 2018

Laberinto Gutiérez


Todos saben que no hay anverso y reverso, por eso el Sr. Laberinto Gutiérrez, tiene en su rostro la sorpresa de la fiera y en su nombre, el arquetipo sonoro se enreda en el trino de sí mismo. No tiene teorías, tiene sólo la capacidad de enredar los artificios de entender las tertulias que explican la rima y ese ultraísmo voraz de los inexpertos. Hijo de Marcos Augusto Barragán, hombre depresivo y de vanguardia y de Leopoldina Abreu Morales, de un Buenos Aires fervoroso. Sin embargo, no hubo Gardel en casa, porque migraron de país y de costumbres. Llegaron en el barco Mirador, al puerto de Leixõnes, en Portugal. El Sr Laberinto, pasó su infancia tratando de quitarse el tono argentino, sin lograrlo. Pensó ser poeta metafísico, con poco éxito. Intentó ser pescador y corredor de bolsa: el blanco y el negro fue su resultado. 
Ayer lo he visto en un cafetín de la Rua de Brito Capelo, bebía un café cheio. Él, me miró. Supe que una consciencia universal latía en su mirada. Me bastó un instante para saberlo. Era como el azogue del espejo. Era como estar de frente a la totalidad. No pude hablar, sentía como era llevado por el laberinto. Los nombres son la misma cosa, su arquetipo. Borges estaba en lo cierto.
Lo que me deja con un estupor melancólico, es el porqué los otros lo miran sin inquietarse, con una indiferencia ordinaria. Los encuentros,  tienen que ver con los caudales de imágenes de cada uno. Me pregunto.

martes, 9 de enero de 2018

Impura gota


Que dulce es el recuerdo cuando llueve.
Resucita brillante en el asfalto.
Se van borrando ya las calles.
Seguiré bebiendo de esa gota 
ya tan nuestra.

Año tras año, 
por estas fechas,
la lluvia salpica los talones.

Reconozco la frescura, 
el largo reflejo 
que se evapora cuando sale el sol.
Y esa cursi manera de mirar al mundo
parece dejar la gota impura.

Antes de declinar, amigos,
abramos el paraguas. 

domingo, 7 de enero de 2018

lunes, 1 de enero de 2018

Año 2018


Como el arpa y la mariposa cuando se tocan, vibran de vida reproduciendo el prodigio sin hacerse del rogar. Quien ha probado el baile sabe que los días son frágiles como el arpa y la mariposa que con su desnuda sombra hace entrañable la saliva que se atreve a danzar. Entra el año 2018 con labios duraos. Suavicémoslos. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

Hermano rojo


Hermano, me acuerdo de tu gorro rojo y cómo me ocultaba en el ropero para hacerte llorar en aquél juego. Al regresar a casa te busco y ahora, yo me escondo para que no me encuentres. Todo es juego, hermano, lo sabíamos. Nuestro corazón gemelo se ha cansado de buscarnos. El tiempo abruma. Sabes, no todo lo que mamá nos dijo era cierto. Tu vives oculto, extinto, enterrado. Y hoy con estas flores espero que cuando menos encuentres el perfume. 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Trabar momentos


La sucesión de caparazones de caracol nos hace pensar en la línea de un tiempo que puede ir hacia adelante o hacia atrás. La realidad, el uno mismo, se encuentra en esta perplejidad. 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

De pluma fina


Cuando le preguntaron dónde había nacido, sólo pudo responder que fue la mañana de un agosto en el que el gallinero de su padre tenia cuarenta ponedoras de pluma fina. Yo salí, nos cuenta, tirando para gallo, pero mi padre me capó por el miedo que tenía de que el negocio se fuera a pique. Los inspectores hicieron las mismas preguntas que ustedes me hacen: ¿está seguro que nació de un huevo? Mi padre les enseñaba el recibo de la Compañía Incubadora. De como rompí la vitrina y todo el gasto que tuvo que hacer para reponer, la vitrina y todos lo polluelos que se malograron. Sin embargo, nunca me lo hecho en cara, bueno, en el pico, y me trató como mis hermanos, con cariño y desapego. Me daba mi maisito y me picaba sardina o plátano y lo mezclaba todo como si fuera una sopa. Por eso crecí bien y estoy saludable. Mi madre nunca me aceptó, le daba vergüenza, yo creo, verme picotear por todos lados, pero una vez la vi esparcir por el suelo ese maíz grande y blanco que tanto me gustaba. Ustedes puede hacerme las preguntas que quieran para saciar su morbosidad, pero, una cosa si les digo, tuve maestros  particulares que me enseñaron todo lo que ustedes presumen y soy copetón de pluma fina. Ustedes dirán.

lunes, 18 de diciembre de 2017

De reojo


Radiante fugaz y tibia el cristal sisea la imagen con ese hálito de frío tan propio del invierno. Así como los cactus se resguardan, las ideas esperan ser miradas. Porque al fin, hay que seguir desdibujados en el reflejo. 

Fotografía: Rua do Campo Alegre. Porto, Portugal.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Leonardo, el feliz.


Leonardo, se siente feliz, y no es metáfora. Y eso parece que es como tener un piojo en la cabeza. Eres un fútil, le dicen. Él cuenta con los dedos y no le salen las cuentas, ni los gritos. Esta perdido, no se haya, qué puede contar si se siente pleno y la plenitud como la palabra se ejerce, no se esconde. Quiere tener un doble, para que sufra, para que no salga del médico, que tosa y que escupa sangre. Vivir con la bota a la espalda, llorar e ingresar a la academia. 
Que tranquilidad tener otro que tenga el palo en la mano y triture al infinito, piensa Leonardo, cuando se lleva la cuchara a la boca desbordante de sopa de fideo.

martes, 12 de diciembre de 2017

Oído total


La espiral de su oído lucha en vano contra el ruido. Convive con altas vibraciones. El griterío sistemático lo enloquece. Lo enturbia. Una atmósfera sonora lo envuelve y busca, como la ostra, cobijo en su concha y su pereza. Su silueta, desdibujada por el tímpano, se sumerge en ese profundo abismo, como la noche, única esponja de toda voz. Ya no tolera ni la música. Sólo la lenta anestesia del anís. Ese tornillo alcohólico se funde con la espiral de su oído. No disimula su transformación. Su triste paraíso. Odia las sonrisas estentóreas. Implora y ordena el silencio. Pero nadie calla. Él se queja. Se queja del mundanal ruido.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Saga corriente


La hallaron recostada en el insulto. Sin pan, sin español y muy sucia la falda de serpientes. Es horrendo. Cuando se bajó los pantalones, se tropezó su alma ya sin descendencia. Resuena la recta conciencia de la tribu, esa de la falsa entraña. No tiene reposo, por eso guarda sus miserias junto a su compañero que no la abandona aunque no encuentra ya el pan sobre la mesa.
Se llama Gertrudis. Un cuerpo que ha perdido el habla de tanto vivir al día.